Como decía Mario Vargas Llosa en su discurso al recibir el nobel, la ficción de la literatura y otras artes son un escape, a la vez que un reconocimiento: Que la realidad no es suficientemente buena.
Pongo este blog con algunos cuentos y ensayos modestos escritos por mí, para entrener a quién le interesen, aburrir a quién le afliga, aborrecer a algún desdichado perdido y con suerte, quizás, si Dios me lo permite, emocionar algún alma sensible.
Si cree encontrar errores ortográficos o de redacción, tenga con toda seguridad la certeza que es con intenciones artísticas o educativas, para que al darse cuenta de mi error se sintiese bien de su amplio conocimiento.

martes, 21 de junio de 2011

Qué son las ciencias sociales

Cuando nos enfrentamos al problema de las ciencias sociales, frase con un oxímoron oculto, naturalmente surge el problema de restrictivas definiciones sobre lo que denominamos ciencia, sea por el ejercicio metódico, la prueba empírica, o simplemente lo que parece a todas luces razonable. Sin embargo, cualquier esquema, dado su planteamiento, construye reducciones en base a ciertos patrones o preocupaciones particulares. Por ejemplo, sobre la definición de “ciencia” y cuánto ella se distinta de “saber” o “conocimiento”, preocupación que toma un sesgo lingüístico, posiblemente epistemológico, y ciertamente no universal, en tanto no escribo en francés ni chino (del cual, por cierto, habría que considerar múltiples versiones)
El primer nivel de la ciencia es establecer conocimiento en base a juicios universales. Así como lo ha dicho Kant, parece lógico suponer que las ciencias sociales trabajan en base al nivel ontológico, creado como abstracción por la filosofía, sobre el cual todos los seres humanos somos iguales. Un segundo nivel, no obstante, complementa esta premisa: Todos los seres humanos somos distintos.
Con esto ciertamente no quiero caer en juicios morales enmarañados con presupuestos individualistas. Mucho más sensato es sintetizarlo como expresado por Confucio: Todos nacemos iguales, pero nos hacemos distintos en la práctica.
Si bien lo primero no parece científicamente (desde la biología) correcto, y lo segundo se presta para un sinfín de perversiones, denota, por lo anterior, lo que he querido expresar.
Científicamente, no somos iguales, ontológicamente, lo somos.  Este nivel es el de las ciencias sociales.

El siguiente punto es cómo conciliar nuestras distintivas problemáticas.
A menudo se cometen - cometemos - errores. Es casi proverbial como el uso del reflejo “se concluye” enmascara la búsqueda pretenciosa de realidad absoluta. Se concluye es traducible a lenguaje serio como: “En tanto hemos observado lo que hemos querido, concluimos, en base a nuestro juicio, lo que creemos expresa la realidad desde nuestro conocimiento”.
Como ejemplo simplista, en tanto la psicologia se encarga de la persona, la sociología de la sociedad, la antropología de la cultura, cuando uno piensa, cuando uno aprende de otros, tiende a establecer su conocimiento como patrón universalizarte, racionalizando con toda artimaña de instrumentos a modo de encontrar “la verdad”.
 Qué es la verdad, lo dejaré en términos de Hegel: “La verdad es el delirio báquico en el que cada miembro se entrega a la estupidez” Así ocurre que nos encontramos afirmando enfáticamente con artífice de razón, creyendo ingenuamente nuestro amplio conocimiento.
Cabe señalar que esto resiste cualquier acusación idealista o criterios de subjetividad. Lo que realmente ocurre con la verdad, como diría Levi-Strauss en “Lo crudo y lo cocido”, es que para que haya verdad, tiene que haber múltiples mentiras, es decir, para que Extra Ecclesiam Nulla Salus sentencie realmente (nótese la similitud entre verdad y realidad) la nula posibilidad de salvación fuera de la iglesia católica – eclesia, griego para reunión – tienen que haber otras iglesias (y así, muy irónicamente, la palabra sinagoga es también, reunión) Del mismo modo, cualquier punto de discusión se justifica por si solo como verdad, tomando, quizás, un sesgo muy propio de la política, de posturas estáticas y racionalizaciones, fundando nuevas verdades para justificar los errores antiguos, como retratado célebremente en “el gato pardo” y como todo partido político o iglesia, en tanto sistema y no movimiento, hace constantemente. No hagamos de las ciencias sociales un sistema, porque está bastante claro que las personas, sociedades y culturas solo lo son en tanto permutan, siempre meta-estables.
Sartre (filosofo) decía que el ser humano (nivel ontológico) está condenado a la libertad. Levi-Strauss (antropólogo) crítica de Sartre el ser simplemente un francés pensando como francés. Los franceses también son personas, y ciertamente la sociedad francesa cambió radicalmente con la revolución francesa y la exaltación de la libertad. Tal revolución es comprensible en Europa, distinta es la idea de libertad en Asia. Más que encontrar una ecuación universal, para buscar independencia intelectual se requiere desarrollo complementario.

sábado, 18 de junio de 2011

Unicornios en la carretera


Un frio infernal me quería impedir salir a correr hoy.
Algo orgulloso, tomé mis audífonos y en polera salí a la calle preparado. Sorpresa mía ver la lluvia casi policial que sentenciaba mis intenciones. Volviendo sin música, decidido a continuar, comencé la carrera, esperando ser hostigado por el frio y batallarlo con terqueza.
Extraño fue cuando el roció constante sobre mi frente apartó todo pensamiento amargo o preocupación sobre el futuro y el pasado. En unas cuadras había abandonado el nihilismo y la ilustración, corriendo mientras movía mis casi congelados pulgares, empapado hasta que mi polera simulaba un tatuaje sobre mi piel. No era más un día frio. El deseo y el amor ya no podían molestarme, la sinfonía de olas que era el tráfico traía la ausencia de música al nivel de una oda.
Venía una y otra vez una sensación placentera, sin moral, sin espíritu, de comunión con la naturaleza. Era capaz de desechar todas las minucias esenciales que ocupan la mente.
Cuando las palabras ya no eran posibles y ya no era necesario sonreír, arrojado todo lo que no fuera la vida misma a la lluvia, comenzó a oler a mar.
Y seguía el roció constante, frio, cálido.

martes, 14 de junio de 2011

Un mejor mundo: El debate sobre la educación en Chile


El problema

Hay en el debate contingente un visible carácter infinito propio de las irreconciliables posturas pragmáticas e intelectuales. La educación ilustrada, la educación que eleva el espíritu, posee una cierta gratuidad que detesta el pago material. La otra posición, en cambio, merece al menos atención en tanto la mayoría de nosotros necesitará en algún momento comer con nuestro trabajo. Ganarse la vida es, en contra del ideal decadente anti-capitalista    – por cierto, también anti-existencial - necesario y eleva el espíritu. El trabajo no es mejor por no ser pagado, sino se trata de en qué grado es posible concordar un punto medio entre la necesidad de pensamiento, el uso de razón y el ejercicio práctico de nuestras aptitudes. Debe notarse que el mero ejercicio del intelecto no conlleva, en ningún modo, un mejor mundo como una cadena lineal inevitable de causalidad, sino muy posiblemente traiga la angustia proveniente de idear un mundo mejor al de la realidad cotidiana – hecho que no nos exime de ejercer las meditaciones necesarias – Tanto más grave es cuando, después de largo esfuerzo, no hay seguridad sobre ni siquiera el alimento.
La decadencia de las utopías no es el mejor camino para una sociedad mejor. Se requiere al menos cierto grado de antojo imaginativo para que un lugar no-posible sea efectivo en algún momento del futuro. Es efectivamente necesario ejercer nuestros derechos cívicos en aspectos críticos serios, que dichas críticas se expresen, en lo posible, en el mundo tangible o factible.  En cuanto una crítica se distancia de un sueño comme il’faut y atañe el nihilismo, desesperanzado por naturaleza, la costumbre crítica alimenta un circulo venenoso de lamentos, circulo que ordena renunciar a nuestro propio pesimismo si hemos de escapar. En esto se ve el claro ejemplo de aquellos que marchan cargando ostentosas cantidades de alcohol en el cuerpo, actos autodestructivos que si bien cargan peso existencial, revelan una realidad ontológica social propia de nuestra generación, de la cual debemos abstraernos si queremos “avanzar” hacia un progreso democrático. Quizás sea necesario especificar en qué sentido es posible mejorar el mundo con la mera instrucción. Esencialmente, todo lo que escribo aquí es poco claro en tanto las abstracciones no poseen ningún poder sobre el mundo. No obstante, la autonomía intelectual, meta de la educación, conlleva la moral, y presupone entonces un juicio respetuoso sobre los otros – solo en tanto reconozco otras opiniones puedo separarlas y, finalmente, ser en algún grado autónomo – Como ha sido explicitado por Piaget, hay en la educación tradicional una falta de armonía entre la enseñanza de la moral y el cultivo intelectual, cultivo a menudo secundario a la instrucción pseudo-alimenticia de teorías como recetas.
“La educación es un derecho” Frase que proviene, por supuesto, de la asunción de una existencia de derecho para y por los ciudadanos, derivada del ideal ilustrado cuya base es el nuevo rol del Estado para un mundo moderno. Si se permite el lucro es el mercado es porque en caso contrario, no habrían incentivos más que ideológicos para la creación de dicho mercado ¿Es efectivamente deseable que el mercado se encargue?
Muchos notarán la paradoja de la inversión privada en educación. La educación es, en cierto modo, un bien público en el desempeño de un niño a futuro que si la tuvo versus uno que no ha tenido la posibilidad. Esta pugna en el nivel profesional se expresa en sus últimas consecuencias con el desenfreno hacia la educación universitaria. En un futuro cercano, muy probablemente muchos de estos profesionales trabajaran en el extranjero, resultado ineludible, considerando la situación del mercado nacional. Este paradigma asiduo es palpable a lo largo de países con alta educación, con un mercado no adecuado a las ofertas que el capital humano brinda.
 En muchos casos, la educación superior sería mejor definida como una inversión que una expresión de amor a la sabiduría o el conocimiento. Estudiar en la universidad representa, para un enorme número de personas, un vehículo para una supervivencia garantizada durante su vida adulta. Es por este motivo, que en tanto el desempleo de titulados existe y es grande, el problema es propio del mercado del trabajo y no estrictamente tratable dentro del plano de inversión estatal en educación.
Nos enfrentamos, consecuentemente, al problema del rol del Estado en las instituciones sociales, rol que, si desechamos el lucro, debe ser creciente y fundado en los impuestos, hecho que atenta contra el ideal liberal dominante. Adicionalmente y de enorme importancia es el siniestro estándar de igualdad con el que operamos en Latinoamérica y en Chile en particular, país que hoy posee una escandalosa repartición de la riqueza, a la cual se opone la aun mayoritaria posición de “los pobres flojos”. Al contrario de caer, esta opinión medra a través de la censura implícita, legado de la dictadura, a la libre expresión en los medios de comunicación y el peso que nuestro país pone sobre nosotros. Este peso es uno que todos debemos asumir, el peso de ser un país pobre, dominado, donde desde la conquista y durante la colonia hemos seguido ideales europeos que la elite vive y el resto de la sociedad no alcanza sino en los sueños más quiméricos.
Un aspecto positivo, al menos, que podemos extraer de todo esto es que dichos sueños comienzan, tímidamente, a filtrarse en la sociedad real, fuera de las clases dominantes, en la medida que el desarrollo económico trae, no solo materialismo y lucro, sino también la posibilidad de conciencia de clases, democracia real y manifestaciones cívicas meditadas, fundadas, necesarias.

Nuestra Juventud

Acaecido, al tiempo perdido, es el cambio de centro etario en el que la cultura vive actualmente, cambio del cual no podemos pasar como gesto vital que es la manifestación rebelde, propia ciertamente de la juventud, rango etario dominante actualmente. La juventud es, en cierto modo, la victoriosa de la vida. Progresivamente la sociedad se ha coloreado de tez joven, extendiese el periodo de estudio, alargando las fiestas, incrementando el consumo juvenil, obligando al padre o madre a pagar numerosos objetos de consumo considerados hoy derechos irrevocables.
La devoción hacia la simultaneidad y la riqueza elevan la educación a la categoría de “aprendizaje del espíritu”, categoría antagónica a las acciones del mayor curso de nuestras vidas, curso que releva nuestra juventud, significando un cambio en él la educación y las actitudes que por ella tomamos. No es cierto que ser joven es prepararse a ser viejo, pero como Ortega y Gasset ha dicho, tampoco es correcto evitar esta gestión decididamente. Es la última corriente la que domina nuestra conciencia histórica, y el progreso económico, además de tecnológico,  que posibilita su continuidad a lo largo, incluso, de la década de los 30. En este aspecto el individualismo capitalista liberal choca con el legado colonial español, dejando detrás un hombre soltero de 33 años sin trabajo, viviendo en casa de sus padres, sintiéndose oprimido, respondiendo a esta opresión con el frenesí de la decadencia.
Cortando lazos con la propia adultez, llegamos a una época de juventud victoriosa que desea, en posición dominante, un mundo mejor ahora, pero no se siente lista para levantarlo por sí sola. Dicho síntoma de la juventud del nivel histórico es sumamente curioso cuando vemos a la clase política, actuando pavorosamente confabulada con las elites económicas, intentando estabilidad, proyectando la nación hacia un tiempo en naturaleza distinto al de quienes cargan carteles y marchan enfurecidos.
Es, por supuesto, injusto como el mundo se lleva. Mucho más interesante que juzgarlo injusto es saber cómo es injusto, o más aun, como reparar la injusticia. Ciertamente el planteamiento resiste las demandas inmediatas que el mundo de los medios puede brindarnos con una bonita película. En realidad, la injusticia traspasa generaciones. Lo que la educación ofrece es, en cierto sentido, llevar al mundo esté bien que deseamos dentro de nosotros. Por ello y desde este carácter intransigente de las nuevas generaciones, el de renegar el pasado o rechazar fragmentos de él, que nace la creencia popular de la “subida del nivel de vida”. Como ha sido retratado en las novelas de Orwell y Huxley, la sociedad no se mueve en direcciones positivas, se mueve hacia donde nosotros la movemos. Nuevamente, este llamado no nos exime, sino obliga a la “responsabilidad” que cada generación considera en sí misma, sobre los cambios que considera apremiantes.
Volviendo al rol del Estado en la educación. El lema “gobernar es educar” expresa bien el nuevo concepto de Estado padre que tenemos. Luego de la década de los 80’s, sin embargo, el Estado chileno ha tomado un sesgo liberal, anulando el Estado de bienestar que aún perdura en nuestras mentes. Es esta idea de la “acción directa” que en los jóvenes habita que la política aun no incorpora  a los mecanismos burocráticos, y es que los mecanismos burocráticos, por definición, se han establecido con el propósito de perdurar las instituciones, negar el cuestionamiento juicioso radical y hacer perdurar “lo que funciona”. Un cambio de concepto en democracia ha ocurrido en la última generación que el país aun no asimila, una democracia distinta a la relativa al gobierno presidencial, versus la dictadura, sino en cambio una democracia que se opone a la injusticia, estimando ella su enemigo ulterior, fundándose  en ese significante para la compresión del cambio en concepto. En estricto, una nueva forma de entender democracia, no solo como ejercicio político de elección, sino como mecanismo de justicia.
Por lo anterior, este movimiento dista de ser algo explosivo. Es más bien, la expresión de un proceso complejo, de un país de último mundo que comienza a verse a sí mismo con esperanza. Veamos al pasado para advertir que la esperanza puede traer nefastas consecuencias, y por tanto ha de ser llevada con prudencia, pero no con miedo.

El dinero

La construcción de una sociedad de ciudadanos informados es igualmente importante que la creación y mantención, con progreso, de las instituciones que dichos ciudadanos conforman, y es, pues, evidente que la comunión de nuestros individuos formen todos y cada uno de los componentes que reconocemos como sociedad, cultura, civilización, nación. Por tanto sucede que la institución particular, por ejemplo, la familia, sufre frente a la polarización creciente de individuos y sus demandas, que no llamaremos egoístas en función de evitar juicios morales. Dichas demandas individuales dan preferencia a una economía fundada en el consumo, y es igualmente evidente que toda economía fundada en el consumo fomenta el individualismo en tanto el beneficio de tal consumo es generalmente propio del individuo y no de las instituciones que conforman la sociedad.
El caso de la escuela es paradigmático en cuánto ha cambiado el mundo y cuan poco ha cambiado esta institución. No se trata exclusivamente de la enorme cantidad de tecnología y la aplastante derrota de la familia y la escuela a los medios de masas, hecho que no deja de ser importante. Se trata, además, de la democratización, limitada, pero real, que ha experimentado la sociedad a lo largo del siglo XX, de modo que hoy la cobertura en educación básica y media es casi completa.
El siguiente asunto es el de la forma que la educación toma. Si bien la mayoría de los jóvenes reciben educación básica y media, el problema del conflicto de clases no calla. A través de los polos educativos, radicales y del todo groseros, persiste el problema respecto a la calidad  de las instituciones, que no garantiza un nivel de vida equitativo, ni tampoco, como se cree, lo garantiza el esfuerzo individual espontaneo del “joven trabajador”, caso seguramente extraño y perfectamente asociable a la naturaleza familiar más que a la escuela, que, en tanto ya es un derecho, no representa un beneficio exclusivo y deseable, por el contrario, es detestable para muchos de los que a ella atienden
Cuando digo que el conflicto de clases persiste, es porque el mecanismo de inclusión universitario en Chile mide patrones que en situaciones de pobreza no se fomentan, primero por el nivel de educación de los padres, y segundo por la manera en que ellos educan o pueden educar a sus hijos. Una y otra correlacionan, un padre que no puede sentirse a salvo económicamente no desea ni puede imprimir disciplina en su hijo. Así nace el “pobre flojo”, el ciudadano que, en una situación de desesperanza, aprende su situación. “Desesperanza aprendida” como notó Seligman, que hemos de remediar en función de no caer en ilusiones de doble posibilidad como “o trabajas o te va a ir mal”. Nos enfrentamos, no con un dilema, sino al menos con un tetralema.
Es apabullantemente tétrico el poder que el dinero representa en la vida. No es siquiera necesario poner en juicio el dinero mismo, sino por su función, que aparece lógicamente como el contenedor del poder mismo, es el poder dinero, y el dinero mismo poder. Por ello la miseria es tanto más miserable cuando se ve impotente a su situación, perpetua, cristalizada.
Se dice, sin embargo, que el dinero no trae la felicidad. Es que el dinero mismo, significando poder, otorga posibilidades, no certezas. La liquidez del capital alimenta tan poco el bienestar social que no significa más que la sobriedad para un borracho empedernido. No nos emborrachemos en esta noción. El dinero es efectivamente insuficiente, y siempre lo será, pues no representa ni de cerca la totalidad de los intercambios sociales que acaecen, no trae consigo justicia ni asigna el poder más que por la existencia de los hombres. Ha sido costumbre que donde hay hombres, haya moral, y donde hay moral, es porque la moral es necesaria. Consecuentemente, el sistema jerárquico postmoderno se encarga de asignar los recursos en base a un sistema radicalmente nuevo, fundándose en una errada creencia, la existencia de “igualdad de oportunidades”
No es necesario indagar mucho para contemplar la sentencia que esta creencia impone sobre nuestro país. Es, en cambio, menester continuar en el trabajo y el estudio de nuestros tiempos hacia un mundo mejor, por muy difícil que este sea, y vernos como agentes de cambio, distintos, no en esencia, sino en grado, al político más ilustre e inefable.

lunes, 13 de junio de 2011

Pathos conoce a Nomos


Levanté en sueños un gran pilar que me aplastaba. En pie, veía el majestuoso templo que me rodeaba, sus eternas paredes y pinturas, su blanco infinito, su altar, lleno de dinero, sus escaleras cubiertas de alimento pudriéndose. Subí, subí por ellas y no parecía avanzar, el exterior era una escalera continua al templo, en ese cielo no aparecía ningún sol, pensé, entonces, que no podía verlo, que esa luz me llegaba y yo no conseguía ver su fuente. Templo y templo no aparecían más que grandes pasillos de un remoto pasado, desconocido, atractivo, misterioso.
Entonces supe que estaba soñando. El pilar cayó y con él se llevó mi ropaje y desnudo, apartaba el templo completo, las paredes, las pinturas, los dioses y las figuras, todo parecía alejarse, en el despertar era nuevamente mañana, el sol era nuevamente visible.
Los rayos de luz en mi cara no han conseguido iluminarme. Recuerdo, vagamente, escribo sobre lo que se ha hecho, presiento que no he sido yo ese que ha dormido, me siento lejos, extranjero de esos enormes pilares, y no sé qué hacer con ellos, y no sé como ofrecer, qué palabras cantar, no conozco el sol sobre ellos.

viernes, 10 de junio de 2011

La vida

En la mitad de año, esperaba un llamado de mi mejor amigo, cuando por casualidad topé con una hermosa mujer en camino a su hogar. Normalmente habría renunciado las coqueterías, pero esta mujer estaba demasiado atada al hilo de casualidades que llamamos destino. Seguramente fue voluntad de algún gran diseño que en ese mismo momento ella haya sacado un cigarro y yo haya estado en el vórtice de abstinencia. Muy misericordiosa, concedió mi deseo, el regalo disfrute en su compañía, comandado por la deuda a no dejarla, impulsado por el hermoso paisaje que eran sus dedos y el venenoso aliento que expiraba. Intercambiamos palabras triviales, ella se rio.  Pedí su teléfono, ella me lo dio. Valentina, un nombre excesivamente vulgar para tan escasa fineza.
De caminó recibí el llamado esperado y me encontré con Félix. Empezábamos marcha a nuestro proyecto, un grupo musical, planeando los financiamientos necesarios para los instrumentos. Finalmente acordamos pagar cada uno su parte. Así fue que me encontraba unas lunas más tarde esperando en mitad de la tarde, entre ajetreados papeleos, un préstamo del banco para comprarme una batería. Allí se encontraba ella, en fila, con una serena postura, leyendo el mismo libro que descansa apenas ojeado hace meses en mi velador, y no sé por qué comencé a rimar con sus versos de polvo, y ella otra vez dio su risa.
Seis meses de ello y lo que entre Valentina y mí ocurrió fue hace tiempo borrado. Fértiles recuerdos que permanecen no en escritura, sino en el cuerpo. Es el cuerpo mío que se siente ansioso hoy. Desde el principio del mes, ha estado escrita en mi calendario la fecha de cumpleaños de Félix, fecha de júbilo, más que por su envejecimiento, por la primera serenata pública que hemos de dar.
Comenzando las primeras pruebas de sonido llaman a mi celular, escucho que he sido despedido. Mi trabajo ha terminado,  he sido demandado por fraude, sin la menor idea de cómo robar. Supiera yo robar, no trabajaría pagando prestamos.
La furia de mi puño encestó un golpe mortal contra la batería, que ahora rota, era inútil. Mi puño comenzó a sangrar. Corrí al baño, puse una toalla alrededor, sin embargo estaba sucia, había sido usada para limpiar el horrendo líquido que cubría el piso del baño. Corrí a la cocina buscando un paño. Ahí se encontraba el bajista en evidente ebriedad, que enterándose del problema comenzó a gritarme soeces comentarios sobre mi ineptitud. Luego de una apresurada respuesta, teniendo que ver con su lamentable situación personal, rompió su botella y la apuntó a mí amenazante. Corrí hacia el patio interior, donde me esperaba el resto del grupo.
Félix y el guitarrista detuvieron al frenético borracho que me perseguía. La botella rota cayó al piso, donde frescas manchas de mi sangre se mezclaban con cigarros agotados. Di un paso atrás, comenzaba a buscar mi celular en el bolsillo izquierdo cuando de mi espalda, repentinamente, apareció ella. Su cara, mas redonda, su vientre cargaba infante. En ese momento Félix, entre forcejeos dijo: “Quiero que la conozcan, es mi novia, Valentina”
Y ella me miraba. Sin voltear, su dulce voz, carente del humo que yo había conocido dijo: “Es tuyo”
Los brazos de Félix rindieron su batalla y los otros dos cayeron al piso impulsados por su propia fuerza.  
“¿Así que fuiste tú quien la abandonó sin decir nada?”
Con mi mano en el bolsillo saqué el primer objeto que apareció. No recordaba haber cargado chocolate. Con una sola mano, saqué el resto del papel de aluminio y mastiqué mientras a la sangre se unía el envoltorio. Dulce al disolverse en mi boca, saboreé y pensé que me gustaría tener más.

domingo, 5 de junio de 2011

La muerte

 Un sopló de arena traía ávida tormenta. Yo la vi, detrás de la niebla, en el infinito.
Se acercaba más a lo imperecedero. Sentado, con ambos ojos cerrados, no escapan mis lágrimas a mis palmas unidas. Sé que ya no puedo meditar, si aún ansió quedarme, sé que pronto debo marcharme. La flor rosada parecía un consuelo muy breve y sombrío, apaciguado en la imaginación, paz que escapa a la propia sombra. La vi fijarse en mi y pensar que ya no puedo, y que sucumbe el alma como un pasto seco, y a lo lejos no lo quiero, y escucho, aun, el pasado, y esa voz antigua me llama, a cuanto he vivido, a cuanto he querido.
No me seguía la vida cuando recordaba la voz de la infancia, la mirada de mi madre, los abrazos de mi padre, mi casa y mi alegría, no alcanzaba, no tocaba esa alegría, muy lejana, inalcanzable. La copa de sangre ya no me sigue, y no sé qué es lo que pasa y no sé qué es lo que me falta.
Ojala  la luna salga sin mí, que tú vivas y no se hagan cristales de hielo en el cielo estrellado, que tu sigas, por mí, sepas que a veces yo te quise aún cuando tu no me querías.
Duele como una llama dentro sufriente y cansada, persiste ¡Que me lleve! ¡Que me borre! ¡Venga la muerte para no ver ni sentir más, no oír tanto el silencio y la sorda noche que me quema! ¡Bebo la ausencia y el dolor horrendo hace temblar el universo!
Polvo será la historia, no habrá más de mí ni del pasado, remoto, insoportable.
No había ojos para decir lo triste que se veía, que no había piedras en la morada de la tierra, la ciudad de espinas, a medida que el viento lo abandonaba, crecía dejando detrás un susurro perpetuo y sigiloso.

jueves, 2 de junio de 2011

La tercera noche de vaciones


La tercera noche de vacaciones, en pleno inverno, me encontraba en mi hogar cuando recibí una llamada de Rousseau, quien según supe se había conseguido cuatro hongos alucinógenos, y me esperaba junto a Dorian y Sancho en una casa, no sé de quién, para celebrar.
Al llegar el frío era mayor a cuando había subido a mi auto. En la casa se me entregó el respectivo hongo, del cual desconozco aún nombre o naturaleza. Ingerí de acuerdo a las instrucciones dadas.
En unos minutos Sancho comenzó a rodar de lado a lado en la alfombra, gritando eufóricamente. Dorian abrió las puertas del patio interior, se acerco calmadamente al árbol más grande y lo abrazó, luego comenzó a besarlo, se quitó la ropa y continuó las caricias.
Rousseau, aun sentado a un lado mío, me miraba fijamente sin decir nada. Mi estado era igual a hace una hora, con algo menos de sueño. Vi a Rousseau pararse y caminar hacia el baño, luego escuche la llave del agua abrir, el correr del agua no cesó.
Mi reloj avisó las dos de la mañana, una hora desde mi llegada y tiempo suficiente para dejar la casa. Me despedí de los tres, subí a mi auto y comencé a manejar, mi estado era completamente normal.
En uno de los numeroso semáforos que rodean las entrañas de la ciudad, a la única luz de la luna sumo el brillante rojo prohibitivo y las líneas blancas del paso de cebra. Era en este paso de cebra que caminaba tranquilamente, a paso seguro, un duende de pequeña estatura, con largas y puntiagudas orejas, un traje verde y un sombrero ostentoso. Dada la rareza de tales ejemplares supuse conveniente llevármelo, de modo que baje del auto y lo tomé. La resistencia que propuso fue inútil ante algunos certeros golpes aprendidos en mi instrucción de karate y mis hábitos deportivos. Abrí la maleta del auto y deposité al raro espécimen dentro.
Llegaba a mi casa cuando mi reloj daba las tres de la mañana y el sueño había nuevamente retornado. El ejercicio, sin embargo, me había quitado el frio. La  luna no brindó suficiente luz para la operación de extraer al duende del auto, de modo que tuve que usar mi reloj para hacerlo. Até cuidadosamente las manos y pies antes de encerrar provisoriamente a la criatura en mi armario, luego abrí una sola vez la puerta para arrojar algunas zanahorias como alimento. Llamé a Rousseau para hacerle saber la noticia.
A las seis de la mañana la luna había ya dejado la noche y el cielo permanecía estrellado. La neblina me impidió ver las caras de Rousseau, Dorian y sancho, que llegaban caminando. Me acompañaron a mi habitación, abrimos la puerta. Dentro se encontraba un maltrecho hombre de mediana edad y enana estatura, cubierto de sangre y zanahorias, atado con chalecos, con un calcetín en la boca, mirándome sin apartar los ojos, completamente abiertos.
Me han quitado mi reloj, pero parecen ser cerca de las siete de la tarde y la temperatura es aceptable. Me encuentro aprisionado, esperando un juicio, sin saber muy bien qué he hecho, sin entender muy bien qué debo hacer. No he recibido palabra de Rousseau, Dorian o Sancho. Dedicó mi tiempo a meditar sobre en qué gastar el resto de mis vacaciones.